En términos generales, se entiende por globalización el
movimiento acelerado de bienes económicos a través de las barreras regionales y
nacionales. El efecto inmediato de la globalización es la reducción de la
“distancia económica” entre países y regiones, así como entre los actores
económicos mismos, incrementando, de este modo, las dimensiones de los mercados
y la interdependencia económica.
El fenómeno de la globalización afecta en mayor o menor
grado a todos los países del mundo. Al lado de la globalización se presenta la
regionalización, la cual no es más que el mismo fenómeno con una extensión
geográfica menor. La globalización es un proceso en el cual desaparecen las
fronteras tradicionales,
donde se produce una
integración acelerada en el ámbito internacional, en el área de los bienes, la
tecnología, el trabajo y el capital.
La globalización económica tiene tres manifestaciones:
1) la del comercio de bienes y servicios entre países, denominada la
globalización comercial;
2) la creación del mercado de capitales globales,
denominada la globalización financiera;
3) el traslado de personas entre países
en búsqueda de mejores oportunidades de trabajo, llamada la globalización del
factor trabajo.
Lo contrario al proceso de la globalización es la autarquía,
por medio del cual un país se puede aislar del comercio internacional, a través
de aranceles y restricciones de todo tipo para controlar el movimiento de
capitales, en términos generales un país en autarquía pretende bastarse por si
mismo.
Con la globalización comercial, los países tratan de
mejorar sus niveles de productividad a través del perfeccionamiento de los
medios de producción, lo cual permite que el país desarrolle industrias
exportadoras. Un país que ignore la existencia de la globalización comercial,
normalmente se convierte en un país importador neto de materias primas y
productos manufacturados y presenta periódicamente problemas en su balanza de
pagos. La globalización comercial se inició en 1948 con el establecimiento del GATT y se ha
venido consolidando a partir de la ratificación del Tratado de Marrakech cuando
se estableció la Organización Mundial del Comercio.
El proceso de globalización tiende a complementar las
políticas de apertura de la economía y permite una mejor inserción en los
escenarios económicos internacionales. Muchos países en desarrollo han logrado
imponer estos modelos de desarrollo exitosamente y han conseguido para amplios
estratos de su población mejores niveles
de calidad de vida y una mejor distribución de los ingresos. Sin embargo, para
lograr estos fines han tenido que efectuar importantes
ajustes en las políticas económicas internas y tuvieron que adoptar medidas
disciplinarias que eran indispensables para dar este viraje. La experiencia ha
demostrado que no existe una sola vía para armonizar la globalización con las
políticas de apertura y mucho menos que deba adoptarse un único modelo de
políticas económicas internas para obtener resultados positivos. Hay países
como Chile, Costa Rica, República Dominicana, Barbados, Trinidad y Tobago, etc.
que han logrado acoplarse a este esquema, manteniendo variados modelos en su política interna,
basados en modelos de democracia representativa de carácter presidencialista o
a través de gobiernos parlamentarios. Lo mismo ha ocurrido en Asia donde
podemos observar que países como Malasia, Singapur, Corea del Sur o Taiwán
hayan emprendido experiencias exitosas con modelos de apertura económica
bastante radicales y por otra parte, otros países como es el caso de la
República Popular de China, Indonesia o la India, hayan logrado igualmente
progresos evidentes en su desarrollo económico y social con gobiernos de corte comunista, socialista o capitalista.
Un análisis que nos permitiría concluir que los países
en desarrollo pueden abordar nuevos modelos de desarrollo económico y social
desde diferentes perspectivas y no únicamente por la vía de la adopción de
políticas neo-liberales ortodoxas, tomando en cuenta fundamentalmente sus
propias realidades y manteniendo un equilibrio necesario entre las tasas de
crecimiento económico y las metas de justicia social. Por otra parte, es necesario hacer énfasis en que la globalización es un
fin por sí mismo y la misma constituye una tendencia a nivel mundial que es
ineludible por parte de la comunidad internacional. Pero también es importante
señalar que este proceso de internacionalización de la economía mundial debe
llevarse a cabo tomando en cuenta los intereses y las realidades de la
economías de los países en desarrollo, imponiendo un sistema gradual en su
aplicación que les permita a estos países acceder a la globalización sin
traumas que disloquen a sus economías (Argentina) o que empobrezcan aún más a
ciertas regiones del mundo (Africa Sub-Sahariana) que aún no se encuentran preparados para enfrentar este reto.
Los intelectuales, académicos y los
políticos del tercer mundo no han afrontado esta realidad proponiendo
soluciones alternativas. Es evidente que la globalización en los países en
desarrollo debe ser antecedida por la consolidación de los procesos a nivel
subregional, regional y hemisférico.
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