jueves, 28 de mayo de 2015

Globalización e Internacionalización

Globalización e Internacionalización

En términos generales, se entiende por globalización el movimiento acelerado de bienes económicos a través de las barreras regionales y nacionales. El efecto inmediato de la globalización es la reducción de la “distancia económica” entre países y regiones, así como entre los actores económicos mismos, incrementando, de este modo, las dimensiones de los mercados y la interdependencia económica.
El fenómeno de la globalización afecta en mayor o menor grado a todos los países del mundo. Al lado de la globalización se presenta la regionalización, la cual no es más que el mismo fenómeno con una extensión geográfica menor. La globalización es un proceso en el cual desaparecen las fronteras tradicionales, donde se produce una integración acelerada en el ámbito internacional, en el área de los bienes, la tecnología, el trabajo y el capital.
La globalización económica tiene tres manifestaciones: 
1) la del comercio de bienes y servicios entre países, denominada la globalización comercial;
2) la creación del mercado de capitales globales, denominada la globalización financiera; 
3) el traslado de personas entre países en búsqueda de mejores oportunidades de trabajo, llamada la globalización del factor trabajo. 
Lo contrario al proceso de la globalización es la autarquía, por medio del cual un país se puede aislar del comercio internacional, a través de aranceles y restricciones de todo tipo para controlar el movimiento de capitales, en términos generales un país en autarquía pretende bastarse por si mismo.
Con la globalización comercial, los países tratan de mejorar sus niveles de productividad a través del perfeccionamiento de los medios de producción, lo cual permite que el país desarrolle industrias exportadoras. Un país que ignore la existencia de la globalización comercial, normalmente se convierte en un país importador neto de materias primas y productos manufacturados y presenta periódicamente problemas en su balanza de pagos. La globalización comercial se inició en 1948  con el establecimiento del GATT y se ha venido consolidando a partir de la ratificación del Tratado de Marrakech cuando se estableció la Organización Mundial del Comercio.
El proceso de globalización tiende a complementar las políticas de apertura de la economía y permite una mejor inserción en los escenarios económicos internacionales. Muchos países en desarrollo han logrado imponer estos modelos de desarrollo exitosamente y han conseguido para amplios estratos de  su población mejores niveles de calidad de vida y una mejor distribución de los ingresos. Sin embargo, para lograr estos fines han tenido que efectuar importantes ajustes en las políticas económicas internas y tuvieron que adoptar medidas disciplinarias que eran indispensables para dar este viraje. La experiencia ha demostrado que no existe una sola vía para armonizar la globalización con las políticas de apertura y mucho menos que deba adoptarse un único modelo de políticas económicas internas para obtener resultados positivos. Hay países como Chile, Costa Rica, República Dominicana, Barbados, Trinidad y Tobago, etc. que han logrado acoplarse a este esquema, manteniendo variados modelos en su política interna, basados en modelos de democracia representativa de carácter presidencialista o a través de gobiernos parlamentarios. Lo mismo ha ocurrido en Asia donde podemos observar que países como Malasia, Singapur, Corea del Sur o Taiwán hayan emprendido experiencias exitosas con modelos de apertura económica bastante radicales y por otra parte, otros países como es el caso de la República Popular de China, Indonesia o la India, hayan logrado igualmente progresos evidentes en su desarrollo económico y social con gobiernos de  corte comunista, socialista o capitalista.
Un análisis que nos permitiría concluir que los países en desarrollo pueden abordar nuevos modelos de desarrollo económico y social desde diferentes perspectivas y no únicamente por la vía de la adopción de políticas neo-liberales ortodoxas, tomando en cuenta fundamentalmente sus propias realidades y manteniendo un equilibrio necesario entre las tasas de crecimiento económico y las metas de justicia social. Por otra parte, es necesario hacer énfasis en que la globalización es un fin por sí mismo y la misma constituye una tendencia a nivel mundial que es ineludible por parte de la comunidad internacional. Pero también es importante señalar que este proceso de internacionalización de la economía mundial debe llevarse a cabo tomando en cuenta los intereses y las realidades de la economías de los países en desarrollo, imponiendo un sistema gradual en su aplicación que les permita a estos países acceder a la globalización sin traumas que disloquen a sus economías (Argentina) o que empobrezcan aún más a ciertas regiones del mundo (Africa Sub-Sahariana) que aún no se encuentran  preparados para enfrentar este reto. 
Los intelectuales, académicos y los políticos del tercer mundo no han afrontado esta realidad proponiendo soluciones alternativas. Es evidente que la globalización en los países en desarrollo debe ser antecedida por la consolidación de los procesos a nivel subregional, regional y hemisférico.

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